Algunas reflexiones...
Actualmente,
de acuerdo a las exigencias que se plantean a nivel macro, la educación juega
un papel relevante en la configuración y consolidación del actual modelo
económico, situación que hace necesario mejorar los sistemas educativos
(UNESCO, 1997)[1] de los países en desarrollo; imperando el
modelo económico de los países capitalistas, donde la globalización cobra auge
y en torno a este fenómeno giran todos los procesos. En este entorno, la educación
no puede escapar. De ahí que, las consideraciones que en materia educativa se
plantean deberán ajustarse a las necesidades y características propias de
desarrollo económico.
En este
contexto, desde el ámbito educativo se generan programas de formación en
competencias, los cuales se vuelven rigurosos y exigen la conformación de un
sujeto capaz de responder a los retos sociales que imperan en la sociedad de
conocimiento; señalando que éste deberá desarrollar competencias básicas que le
permitan incursionar de manera efectiva y actuar ante diversas situaciones del
contexto. Así que, la labor docente cobra un nuevo auge, demandando la
consolidación de un profesional que sea capaz de contribuir al desarrollo
social en un contexto globalizado.
Entonces, considerando que una competencia es la
puesta en práctica de una serie de conocimientos, habilidades, actitudes y
valores para responder a determinadas demandas contextuales o situaciones
inéditas, o problemáticas que impliquen su movilización (Perrenoud, 2004 y
Moya, 2007), la formación en competencias
requiere de docentes capaces de asumir diversas posturas en función de
los diferentes contextos en que se halle inmerso, adoptando un papel como
agente transformador, analítico, crítico, reflexivo, investigador, intelectual;
que no se limita a la transmisión sino que va más allá del proceso y no
limitarse a ser uno más que se suma y contribuye a desarrollar procesos
productivos sin analizar las implicaciones de su labor educativa, desde un
enfoque social y humano.
Por tanto, es importante señalar que el papel
del docente ante este nuevo contexto y las exigencias que demanda la sociedad,
en relación con el modelo económico, no se puede quedar estático, es necesario
que a partir de la formación que adquiera sea capaz de analizar y reflexionar
sobre su propia práctica, que le permita, al mismo tiempo, considerar
alternativas innovadoras de enseñanza – aprendizaje; que garanticen una mejora
de los procesos educativos, centrado en competencias, desde el docente como
profesional hasta el alumno como futuro ciudadano; de esta forma se logrará el
desarrollo pleno de los sujetos.
[1] Al respecto, la UNESCO (1997) señala la
importancia de impulsar políticas de profesionalización para los docentes con
el fin de que éstos contribuyan a la mejora y transformación del sistema
educativo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario