jueves, 3 de octubre de 2013

Las competencias y sus implicaciones en la docencia

Algunas reflexiones...

Actualmente, de acuerdo a las exigencias que se plantean a nivel macro, la educación juega un papel relevante en la configuración y consolidación del actual modelo económico, situación que hace necesario mejorar los sistemas educativos (UNESCO, 1997)[1]  de los países en desarrollo; imperando el modelo económico de los países capitalistas, donde la globalización cobra auge y en torno a este fenómeno giran todos los procesos. En este entorno, la educación no puede escapar. De ahí que, las consideraciones que en materia educativa se plantean deberán ajustarse a las necesidades y características propias de desarrollo económico.

En este contexto, desde el ámbito educativo se generan programas de formación en competencias, los cuales se vuelven rigurosos y exigen la conformación de un sujeto capaz de responder a los retos sociales que imperan en la sociedad de conocimiento; señalando que éste deberá desarrollar competencias básicas que le permitan incursionar de manera efectiva y actuar ante diversas situaciones del contexto. Así que, la labor docente cobra un nuevo auge, demandando la consolidación de un profesional que sea capaz de contribuir al desarrollo social en un contexto globalizado.

Entonces, considerando que una competencia es la puesta en práctica de una serie de conocimientos, habilidades, actitudes y valores para responder a determinadas demandas contextuales o situaciones inéditas, o problemáticas que impliquen su movilización (Perrenoud, 2004 y Moya, 2007), la formación en competencias  requiere de docentes capaces de asumir diversas posturas en función de los diferentes contextos en que se halle inmerso, adoptando un papel como agente transformador, analítico, crítico, reflexivo, investigador, intelectual; que no se limita a la transmisión sino que va más allá del proceso y no limitarse a ser uno más que se suma y contribuye a desarrollar procesos productivos sin analizar las implicaciones de su labor educativa, desde un enfoque social y humano.

Por tanto, es importante señalar que el papel del docente ante este nuevo contexto y las exigencias que demanda la sociedad, en relación con el modelo económico, no se puede quedar estático, es necesario que a partir de la formación que adquiera sea capaz de analizar y reflexionar sobre su propia práctica, que le permita, al mismo tiempo, considerar alternativas innovadoras de enseñanza – aprendizaje; que garanticen una mejora de los procesos educativos, centrado en competencias, desde el docente como profesional hasta el alumno como futuro ciudadano; de esta forma se logrará el desarrollo pleno de los sujetos.


[1] Al respecto, la UNESCO (1997) señala la importancia de impulsar políticas de profesionalización para los docentes con el fin de que éstos contribuyan a la mejora y transformación del sistema educativo.

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